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El pasado sábado, día 15 de febrero, por la mañana,
fue derribada la Casa del Ingeniero del Gas (calle
Dr. Salvador Gallardo), la cual se hallaba
catalogada y protegida por el PGOU (C-221), por
cuya normativa se debían haber conservado las
"fachadas, tejados y jardín". Esta
demolición, junto al reciente derribo de la Casa
de las Palomas, constituyen graves agresiones al
Patrimonio arquitectónico sanluqueño. El Aula
Gerión considera esta barbarie como actos rufianes
de las respectivas constructoras y una burla al
pueblo de Sanlúcar, pues estas demoliciones han
sido llevadas a cabo sin la correspondiente
licencia municipal (según la Gerencia Municipal de
Urbanismo) y saltándose a la torera toda la
normativa al respecto.
Los inmuebles derribados formaban parte de un
Patrimonio que ya no es recuperable. Tanto al
señor Ávila de "Avisur" (casa de las
Palomas) como al señor Vieira de "Robert"
(casa del Ingeniero del Gas) - presuntos implicados
en el caso "Sanlucar" -se les debería de
caer la cara de vergüenza cuando pasen por
cualquier calle de este pueblo. Es posible que
estos hechos delictivos sean multados
económicamente y sancionados por la Gerencia de
Urbanismo o por la Consejería de Cultura, pero hay
que tener en cuenta que en muchas ocasiones estas
multas y sanciones a los infractores suelen caer en
el olvido, o bien las cuantías resultan irrisorias
a este tipo de personajes; y, a veces, se obliga a
realizar una réplica "exacta" de lo que
había, lo cual no deja de ser una
"farsa" (véase El Pósito), pues tales
copias nunca tendrán el valor histórico y
cultural de lo derribado.
Ante todo este salvajismo urbanístico que está
invadiendo a Sanlúcar, el Aula Gerión estima que
debe restituirse al pueblo de lo que ha sido
despojado mediante la reutilización de estos
solares para el disfrute público, por lo que,
independientemente de las multas económicas -que
no parecen afectar demasiado a estos
constructores--, deberían expropiarse estos
solares y plantar en ellos jardines y plazas
públicas de los que todos los sanluqueños podamos
disfrutar. No es una petición ni una propuesta. Es
reivindicar nuestros derechos.
Ya el Aula Gerión indicaba recientemente en este
mismo periódico el cambio de titularidad que se
había producido en esta casa y la realización de
posibles obras que podrían alterar la fisonomía
del barrio del Mazacote. Pues, junto a la Casa de
Arizón, la Almona y Capuchinos, la “Casa del
Ingeniero” es uno de los edificios más emblemáticos
de esta zona, al igual que los navazos ya en vías
de desaparición.
Esta casa fue edificada alrededor de 1890 en
estilo isabelino, el cual se aprecia especialmente
en su fachada, donde se conjugan graciosamente
arcos y pilastrillas.
Además de sus valores estéticos, este edificio
representa un hito histórico de gran significación
para Sanlúcar, pues el alumbrado de gas fue uno de
los acontecimientos que cambiaría la vida
cotidiana de los sanluqueños a finales del siglo
XIX. Así, en mayo de 1883 se inauguró el nuevo
sistema de alumbrado de gas, el cual sustituía a
otras energías como el alumbrado de aceite (1836)
y el de petroleo (1864) y todavía el gas ganaría
la partida, aunque por poco tiempo, al no muy
perfeccionado sistema eléctrico. Un año antes de
su inauguración, Roberto Lessage estipulaba con el
alcalde de Sanlúcar, Esteban Ruiz de la Cruz, la
concesión del alumbrado de gas por cuarenta años.
Las obras de canalización y fabricación del
fluido fueron llevadas a cabo por el ingeniero
Estanislao Smolinski. En total, se colocaron 561
farolas que alumbraron las calles sanluqueñas,
además de otras dos más grandes situadas en el
Ayuntamiento --desaparecidas durante las recientes
obras realizadas en este edificio-- y otras tres
frente a la plaza del Cabildo.
En 1894, el alcalde José Hontoria, en nombre del
Ayuntamiento, vendía a la empresa “Roberto
Lessage y Cía.” o “Gas Provincial”,
representada por el segundo ingeniero José María
Arroyo, dos terrenos cuyo solar formaba un polígono
de cinco lados, midiendo su superficie 4.627 metros
cuadrados, los cuales se valoraron en 6.015
pesetas.
En la Guía de Sanlúcar de 1903 se señala cómo
“en estos últimos años, y dadas las necesidades
de la población, se instaló una nueva caldera...
Es director de la fábrica D. Fabio Tena, hombre
cultísimo y agradable...”. Con posterioridad, en
1933, serán los herederos de este tercer ingeniero
del gas los que se interesen por el dominio de los
terrenos de la fábrica de gas derivado del carbón.
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