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Con
el nombre de “Casa grande”
denominaron los duques de Montpensier a esta
finca cuando la adquirieron, la cual abría
por la cuesta de Ganado o Chorrillo y daba
también a las calles Baños y Almonte, en la
que actualmente tiene su fachada principal.
Hoy, la casa pertenece a la familia Sainz de
Rozas Benítez, pero los jardines altos y
bajos, cerca de cuatro mil metros
cuadrados, ya han sido segregados por la
Cuesta de Ganado, donde se están levantando
bloques de pisos. Tanto la casa como el jardín
se encuentran protegidos en el catálogo del
PGOU de 1997 con el nivel de protección
global (B-86), si bien en este documento ya
se preveía una zona del jardín para próximas
construcciones. Es decir, que ya en 1997 la
Gerencia Municipal de Urbanismo y los
constructores “lo tenían claro”. No se
entiende cómo el Ayuntamiento ha permitido
destruir este importante jardín,
interrumpiendo así la continuidad ecológica
e histórica de la barranca sanluqueña.
Era
una hermosura recorrer a pie de barranca o
con la vista esa espesa cornisa verde que
separaba el Barrio Alto del Bajo: desde el
Pino Verde, Capuchinos, Huerta Grande y zonas
aledañas, pasando por los jardines de esta
casa de la calle de Almonte, los del palacio
Municipal y palacio Ducal, los de la marquesa
del Pedroso, y así hasta llegar a la Casa
Roja del carril de los Ángeles -hoy recuperándose
gracias al buen criterio de su actual dueño-,
para prolongarse finalmente en los jardines
de las Pastoras, San Diego y El Picacho.
Este
gran manchón verde, estructurado casi en
terrazas de diferentes alturas, se hallaba
cruzado por antiguos arroyuelos y manantiales
subterráneos, quedando salpicado por huertas
separadas con cañaverales. Ya es un paisaje
de cuentos que el “progreso”, derivado
del neoliberalismo económico (“dejar
hacer, pasar por alto”), nos va arrancando
poco a poco. Ahora le ha tocado al jardín de
Almonte y cuesta de Ganado. Mañana...
Desde
este fantástico jardín asoman a la calle y
cuesta de Almonte el jazmín morisco o
casuarina, la parra virgen, acacia blanca,
bouganvilla roja y morada, bignonia rica
soleana con flores rosas e hipomea con flor
azul...
En 1853 Montpensier pidió permiso al
Ayuntamiento para construir un voladizo que
uniera el jardín del Palacio, aún en
construcción, con su casa de la calle
Almonte. Todavía se aprecian los pies del
puentecillo que, trazado de muro a muro,
conectaba ambas casas y la escalerilla que
ascendía hasta él. Seis años después, el
Duque vuelve a pedir autorización al
Ayuntamiento para reparar y pintar esta casa
(cuesta Ganado o Chorrillo, 96). Cuando los
Montpensier venden la casa, en 1871, a Félix
Araiz Sánchez, ésta medía 874 m2,
su fachada miraba al sur y a la derecha se
abría hacia la calle de Almonte.
Probablemente la casa actual no fuera aquella
“casa grande”, o bien se transformara
posteriormente, en el último tercio del
siglo XIX, ya que el estilo del edificio
sugiere como autor al arquitecto Baldomero
Botella, quien actuó como arquitecto de los
Montpensier y como municipal entre 1874 y
1882, caracterizándose sus obras por las líneas
academicistas.
De
Araiz la propiedad pasó a José M. Arocha y
éste, por deudas, tiene que adjudicársela a
Francisco Rubio Contrera y Antonio Ramos
Macea en 1897. La descripción registral de
la finca dice: consta de planta baja,
principal y mirador, conteniendo la baja zaguán,
antesala, escalera, sala con alcobas, cuarto
grande, patio al que comunican cinco
habitaciones, cocina con aljibe, dos
despensas y paso a un corral ya hoy jardín
alto y bajo, con depósito de aguas derivadas
por medio de un molino de viento de la casa número
33 de la calle Gutiérrez Agüera [Ganado];
la planta principal se distribuye en
antesala, sala con dos alcobas, comedor...
dos habitaciones; azotea, cocina con aljibe y
cuarto con escalera que conduce al mirado.
Esta finca es conocida con el nombre de Miramar.
En
la propiedad se suceden Guillermo Salmón y
Adolfo Gutiérrez Agüera Bayo (1898), quien
la vende, entre 1914-18, junto a otras siete
fincas, al más al rico labrador sevillano
José Benítez Mata, habiéndola disfrutado
su mujer, Ana Gibaja Abela, y sus sucesores
hasta hace muy poco tiempo.
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